El riesgo de las pruebas “para ver cómo estoy” o “para quedarnos más tranquilos”

No existe ninguna prueba en medicina que asegure o niegue algo de forma taxativa, definitiva ni segura.

Es decir, nos movemos entre las incertidumbre y por ello los médicos, y en especial los médicos de familia al movernos en un ámbito de menor tecnología y menor acceso a pruebas diagnósticas, somos muy buenos en gestionar las incertidumbres. Tanto las nuestras como las relativas a diferentes aspectos de los procesos de enfermar de nuestros pacientes.

Posiblemente este motivo junto a un conocimiento mútuo de largo recorrido y una confianza labrada, hacen que acudáis a la consulta de vuestro médico de cabecera para poder entender lo que os ha dicho “el especialista”.

Las pruebas complementarias, como su propio nombre indica, son complementarias; es decir, sirven como pista para apoyar en mayor o menos medida una sospecha previa  que se obtiene de la entrrevista con el enfermo y de la exploración física.

Los mayores datos que podemos extraer en relación a una enfermedad los sacamos de una buena entrevista y una inuciosa exploración del enfermo. Dudad siempre de cualquier médico que no os pregunte de forma detallada y minuciosa los síntomas y que no os pase a la camilla de exploración.

El resto sirve para lo que sirve y nunca será “para ver como estoy”, o “un análisis de todo” (es imposible analizar todo) o “para quedarnos tranquilos”. Especial detalle requiere el para “quedarnos tranquilos” que intentaré explicar.

Las pruebas dan un resultado y este resultado nunca es infalible. Hay veces que la persona está enferma y la prueba sale normal (con lo que estaremos falsamente tranquilos y enfermos) y en otras ocasiones la persona está sana pero la prueba sale alterada ( con lo que tendremos una gran preocupación y posiblemente nos someterán a otras pruebas más agresivas sin necesidad por una “falsa alarma”).

Ninguno de los dos casos son agradables ys que en el primero se retrasará más el diagnóstico de una enfermedad real y en el segundo caso nos someterán a pruebas más agresivas sin motivo real.

La medicina es una ciencia compleja. Ni siquiera los que tenemos un título de médico estamos siempre seguros con certezas absolutas. La duda es siempre nuestra compañera en la consulta y de forma continuada estamos habiendo valoraciones mentales sobre los beneficios y perjuicios de cada una de las decisiones que vamos a tomar (y os aseguro que a lo largo de una jornada laboral las decisiones tomadas son muchas).

El otro día en el tren escuche un frase que ya había oído en potras ocasiones y que ha sido el origen de esta reflexión por escrito que comparto con vosotros. Dos señoras estaban hablando de su salud y una de ellas dice: “Fui al médico por un dolor en la rodilla y me sacaron que tenía el colesterol alto, ahora sigo con mi dolor y estoy tomando las pastillas del colesterol”. A lo largo del trayecto y con la señora sin parar de hablar fue de gran ayuda para su diagnóstico personal. No fumaba, no estaba obesa (eso lo podía ver yo), dijo que no fumaba, que nunca había tenido ni la tensión alta ni nada en el corazón. Total, que estaba sana… y dudosamente necesitaba esas pastillas para tratar un colesterol que salió elevado en una analítica que posiblemente nunca se debió pedir.

Alguien podría pensar… bueno, gracias a esa analítica “descubrieron” que tenía el colesterol alto. Os digo que el riesgo de las pastillas es mayor al riesgo del colesterol en el caso de esta señora y que parece ser que nadie le dijo la fórmula clave para bajar su colesterol: haz una dieta baja en grasas y haz un poco de ejercicio físico.

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